domingo, 17 de enero de 2010

"PARQUES-ACANTILADO" EN MIRAFLORES


Miraflores puede ser descrito como un distrito lleno de contradicciones. Como un hermoso lugar con espacios públicos cerrados a ferias de libros, pero abiertos a corsos gigantescos que entorpecen el tránsito vehicular, como una urbe con carteles anti-discriminación por todas partes, pero con serenos que destierran a sus vecinos de los parques. Y así la lista puede continuar interminable, sin embargo, desde mi propio charco he querido comentarles algo que llamó poderosamente mi atención y que suma una nueva contradicción a la lista. Este mismo distrito, estricto al evaluar anteproyectos arquitectónicos los cuales penaliza implacablemente cuando no incluyen barandas en sus azoteas, es capaz de dejar que sus niños jueguen tranquilamente al pie del acantilado sin tomarse la molestia de instalar siquiera una modesta barandilla de madera. No sé si se trata de alguna nueva tendencia en el diseño de espacios urbanos de la cual no estoy enterado, pero lo que esta ocurriendo específicamente en el parque Miguel Grau, es francamente kafkiano.

Creo que la única explicación posible es que la municipalidad de Miraflores, siempre a la vanguardia del arte y el diseño, ha decidido sorprender a propios y extraños imponiendo una nueva tendencia en el diseño de áreas verdes. Tendecia que incorpora un innovador concepto al que podríamos ponerle el marketero nombre de "parques acantilado". Ubicado en la cuadra 15 del Malecón de La Marina, el parque Miguel Grau es un claro ejemplo de aplicación de esta nueva estrategia urbana que combina la emoción de deportes de aventura como la "caída libre" (sin paracaídas por cierto) con el diseño de módulos de juegos infantiles paisajísticamente ubicados de manera inmediata a estos estratégicos precipicios sin barandas a los que curiosamente llamamos parques. Toda una delicia para los sentidos de los vecinos miraflorinos que cotidianamente pasean por sus veredas.


Dejando el sarcasmo de lado, personalmente he visto como niños de todas las edades juegan no solamente en los juegos instalados a un lado del parque, sino que recorren con sus pequeñas bicicletas y patines la ciclovía que recorre el acantilado. Niños, precipicios y ruedas, los ingredientes perfectos para una tormenta perfecta. Ojalá la municipalidad no espere a que un inocente ruede hasta la Costanera para recién dignarse a construir una simple baranda.

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